¿Y el muchachito pa’ cuando?

Más que una pregunta, se siente como una demanda social.

No importa si ya te graduaste de la universidad, si eres una hija, hermana, amiga, compañera impecable, si trabajas de voluntaria en tu tiempo libre, y eres la pareja ideal; todas, absolutamente todas estas cosas parecen perder importancia cuando viene a la mesa el tema de si piensas o no tener hijos cuando llegas a cierta edad que comienza con ‘‘trein’’ y termina con ‘‘ta’’.

Nunca falta el o la trascendía que te pregunta: ‘‘¿Y el muchachito pa’ cuando?’’. 

¿Adivinen qué? Para algunas mujeres, ‘‘el muchachito’’ no termina de llegar y llevan años buscándolo de forma muy entusiasta. Para otras ‘‘el muchachito’’ llegó pero simplemente no era el momento, ni estaban las condiciones para que se quedara.

Otras no llegaron a poder siquiera ilusionarse con la idea antes de que este hiciese una salida estrepitosa, y para muchas otras el muchachito no está en los planes, por el simple y llano hecho de que no les da la gana.Y eso está bien.

Todas esas razones están bien. Explicar las razones por las que no estás embarazada no está dentro de tus funciones en este planeta, y hoy te voy a explicar porqué:

Tú tienes el control sobre tu cuerpo

El rol social de la mujer, especialmente en sociedades como las nuestras, ha estado atado a su capacidad reproductiva.

Por años nuestro valor se medía en base nuestra capacidad de dejar descendencia de preferencia masculina, que pudiese heredar las propiedades del hombre.

Sin embargo, si le preguntas a mi mamá te diría que ‘‘ya la pava no pone donde ponía’’, es decir, las cosas han cambiado, al menos un poco. Muchas sabemos que un embarazo no significa un ‘‘seguro de vejez’’, que tampoco hay embarazo que ‘‘amarre’’ hombre que no quiera quedarse, y que el futuro del país no descansa sobre tu útero.

Hay muchas formas de ser madre

Hace unos años, conversaba con una amiga sobre su histerectomía de emergencia. Luego de muchas copas de vino y muchas lágrimas, llegamos a la conclusión de que hay muchas formas de ser madre, y no todas incluyen tener que atravesar un proceso de concepción.

Puedes ser madre de un proyecto, madre de tus plantas, madre de un círculo de amigas, madre de dos mascotitas que darían la vida por ti. Lo más importante: puedes ser madre de ti misma, y tener la oportunidad de mostrarte cómo vivir el amor y la aceptación de tus propias decisiones.

Manejar este tipo de conversaciones de forma asertiva puede ser un reto, especialmente cuando nuestra cultura suele tomar la asertividad por ‘malcriadeza’; sin embargo, ¿a qué costo vamos a continuar aceptando comentarios de esta naturaleza sobre nuestro cuerpo?

No serás mala hija, mala hermana, o mala amiga por simplemente decir ‘‘porque no quiero’’, o decir ‘‘la verdad que no me gustaría hablar de eso’’. Créeme que vale más tu paz mental.

Decidir sobre qué cosas vas o no a hablar te da una sensación de control invaluable. Como sociedad, estamos acostumbrados a demandar y esperar explicaciones de los y las demás, cuando lo cierto es que tu decisión de embarazarte te compete exclusivamente a ti.

En resumen, coloca una noticia en tu espejo que diga ‘‘en este cuerpo no cogemos presión’’, vive a tu propio ritmo y respira, que nadie, absolutamente nadie puede ni debe obligarte a tomar una decisión. En palabras del movimiento argentino Ni Una Menos: ‘‘La maternidad será deseada o no será’’. 

Me encantaría leer sus experiencias lidiando con este tipo de escenarios tan cansones. 

¡Quedo atenta!

¿Alguien llamó a la policía de lo’ rizo’?

Me dejé el cabello natural porque quería sentirme libre

Cualquier mujer, en cualquier lugar.

Mi mamá siempre me lo decía, que los extremos no eran buenos. Cuando me laciaba el cabello, las visitas al salón se prolongaban por unas 5-7 horas de espera para lograr ese deseado ‘‘liso perfecto’’. 

Irónicamente, también recuerdo las noches de mi transición hace más de diez años, los interminables artículos explicando los mil y un tipo de texturas, patrones y variaciones que podía tener el cabello natural… los memoricé todos. 

Recuerdo mi gran corte y la necesidad compulsiva de entender los ingredientes que estaba colocando en mi cabello. Estaba en la universidad y tenía más que suficiente tiempo para crear tratamientos y mascarillas naturales en mi fan page, y hasta un canal (hoy agónico) de YouTube.

Fue allí donde las comencé a encontrar… Las vi llegar debatiendo por días sobre el cepillo perfecto para rizos. Recuerdo un pleito particular hace varios años en un multitudinario grupo de FB sobre si las personas que usan siliconas o tintes en su cabello son verdaderamente ‘‘naturales’’. 

Mis dedos no encontraban el botón de ‘‘Abandonar Grupo’’ lo suficientemente rápido…  ¿Y ete desatre, compañera? 

Quienes me conocen saben que ME ENCANTABA pelear en Facebook, era un hábito tóxico y poco productivo que he logrado controlar (hey, nunca les dije que fuera perfecta). Sin embargo, aún para una aficionada a discutir en el FB de Diario Libre, estos estériles debates eran demasiado para mi. 

Las llamé las ‘‘policías’’ del cabello, por su necesidad desmedida de controlar las rutinas de las demás y emitir juicios y recriminaciones sobre los productos o decisiones de otras personas. No hay necesidad.

¿Quién decide lo que es natural y lo que no?

Hay mujeres con tres trabajos o con múltiples hijos e hijas que simplemente no tienen tiempo de experimentar con rutinas de doce pasos. Mientras que hay otras que se levantan fielmente a las 5 de la mañana a peinar sus rizos antes de salir a trabajar. 

Ninguna de las dos posiciones está mal.

Mi decisión, mis formas

Cuando decidí transicionar y llevar mi cabello al natural lo hice como una decisión política. He teñido mi cabello demasiadas veces, en una ocasión casi se me cayó todo. Lo corté dos veces y lo he vuelto a teñir muchas más. 

Es sólo cabello. No es parte de mi identidad y si lo perdiera mañana, me verían como una loca calva, sonriendo de felicidad. Tampoco descarto alisarme algún día (aunque sospecho que la vagancia no me lo va a permitir nunca). 

Es normal apasionarse con algo, especialmente si creciste creyendo que ese algo no era digno de amor, pero mientras lees, investigas y aprendes, no puedo evitar querer cuidarte y decirte que está bien no seguir todas las reglas. No todo el tiempo. 

Te dejo con una frase que he escuchado de otras mujeres ya demasiadas veces ‘‘no es verdad que salimos de una esclavitud para entrar en otra’’. Ya está bueno, es hora de darse banda con eso. 

¿Te has encontrado con una policía del cabello natural en tu camino? ¡Te leo!

La historia del blower salvaje

la historia del blower salvaje

Siempre me he preguntado por qué será que desde que nos crecen dos centímetros de cabello se nos mete una necesidad imperante de que pasarnos el blower solo para ver qué tan largo está el cabello.

No estoy aquí para ‘‘evangelizarte’’ sobre los supuestos peligros de utilizar calor en tu cabello natural, sin embargo soy partidaria de que tomes decisiones informadas, porque si no lo programas bien, ESE blower puede fácilmente costarte meses de transición.

Lo vemos casi todos los días en nuestros salones: chicas que previo a su visita indican que llevan varios años con el cabello natural, y al momento de la evaluación encontramos que tienen daño irreversible en el cabello por el uso indiscriminado de calor en la hebra.

El calor y el cabello natural no son enemigos irreconciliables; lo cierto es que puedes utilizarlo de forma regular durante tu transición sin que eso signifique una pérdida de salud y elasticidad en tus rizos.

Ahora viene la pregunta del millón de dólares: ¿Cómo lo hago? Sigue leyendo pa’ contarte.

No te lleves del gusto.

Entiende que el alaciado con blower no es una sostenible de cuidado durante la transición. Tu cabello natural es sensible a la manipulación extrema que conlleva alaciar el cabello con calor.

No es lo mismo secarte el cabello con un difusor que darle a tus nuevos rizos más de 450 grados de calor semanal para ayudarte a transicionar. 

El método tradicional de algunos salones requiere el uso habitual del blower para ‘‘bajar’’ los rizos en lo que decides cortarlo. Entonces quedas más o menos así: muy orgullosa con nueve meses de transición, y 30 kilómetros de horquetillas, el cabello semi-liso y tus esperanzas rotas.

Piensa fuera del cajón

Si estás en transición hay muchas opciones de peinados que no involucran alaciar el cabello (¡sorpresa, saloneras!). Visita nuestra página de Instagram y mira algunos de los estilos más solicitados por nuestras clientas.

Sin ánimos de sonar dramática, cada cabellera es un universo, y lo que funciona para una, no necesariamente va a funcionar para otra.

Eres libre de decidir cómo deseas llevar tu proceso ‘‘natural’,’ pero no te sorprendas si con el paso de los años y el abuso constante de blowers, leavings para alaciar (conocidos también como laceadores), y tenazas en tu cabello terminan dejándolo hecho trizas y de camino para otro gran corte.

Ponle un ALTO a la presión social

Fuera de los deseos de transicionar de las mujeres y niñas que nos visitan, también están los casos de aquellas chicas que sienten obligadas a presentarse de cierta forma y viven con la ilusión de un día hacerse el gran corte y renacer como el ave fénix, pero con una gran melena… Ehhhh… eso TAMPOCO va a funcionar.

Llevar el cabello como te gusta es una decisión enteramente personal que no amerita explicación ni justificación. Puede que los y las demás no lo entiendan, pero es simplemente porque ese no es su camino.

Como seres humanos, habrán ocasiones en que se nos hará difícil entender la visión de otra persona, y si llevar el cabello rizo es tu visión, entonces no te preocupes por que nadie más la entienda.

En fin, amiga, que no haya boda, ni ‘‘quinceañera’’, ni empleo que te obligue a ocultar tus rizos (a menos que no vayas en una misión de incógnito y así lo desees). En buen dominicano: ‘‘no cojas presión de nadie’’, tu camino natural es tuyo y de nadie más, así que a menos que la transición sea tu deporte extremo favorito, mejor procura cuidar de tus rizos ahora, y con suerte, sólo tendrás que hacerla una vez.

¿Te gustó? Continúa leyendo sobre la transición aquí, aquí, y aquí.

El mundo está cambiando un rizo a la vez

 ‘’Ustedes las de ahora sí lo tienen fácil. Cuando yo comencé en esta vaina, hace como trece años, no había na’ en la tienda pa’ nosotras’’.  

Pajonúa a un grupo de rizadas, escuchado por ahí.

 

 

En los años 90, la experiencia de ir a la tienda a comprar el desrizado era así como un ritual memorizado. Caminabas hacia el área de productos para el cabello y te quedabas parada por al menos quince minutos ponderando cuál era el producto que te iba a dejar más lambía que un ternero. Opciones siempre aparecían.

 

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Jo Jo Jo, ¿Jojoba?

 

Hola chicas!

 

La ”receta” de hoy la tenemos gracias a Carolina que hace unas semanas me dio a probar el maravillosamente maravilloso aceite de Jojoba (cada vez que digo jojoba me siento como Santa Claus :D).

 

Continuando con los usos de los diversos aceites para el cabello, ahora he experimentado con este aceite cuya consistencia espesa me la encuentro muy similar al aceite de oliva. Pero tiene otras propiedades igual de buenas.

 

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