Me dejé el cabello natural porque quería sentirme libre

Cualquier mujer, en cualquier lugar.

Mi mamá siempre me lo decía, que los extremos no eran buenos. Cuando me laciaba el cabello, las visitas al salón se prolongaban por unas 5-7 horas de espera para lograr ese deseado ‘‘liso perfecto’’. 

Irónicamente, también recuerdo las noches de mi transición hace más de diez años, los interminables artículos explicando los mil y un tipo de texturas, patrones y variaciones que podía tener el cabello natural… los memoricé todos. 

Recuerdo mi gran corte y la necesidad compulsiva de entender los ingredientes que estaba colocando en mi cabello. Estaba en la universidad y tenía más que suficiente tiempo para crear tratamientos y mascarillas naturales en mi fan page, y hasta un canal (hoy agónico) de YouTube.

Fue allí donde las comencé a encontrar… Las vi llegar debatiendo por días sobre el cepillo perfecto para rizos. Recuerdo un pleito particular hace varios años en un multitudinario grupo de FB sobre si las personas que usan siliconas o tintes en su cabello son verdaderamente ‘‘naturales’’. 

Mis dedos no encontraban el botón de ‘‘Abandonar Grupo’’ lo suficientemente rápido…  ¿Y ete desatre, compañera? 

Quienes me conocen saben que ME ENCANTABA pelear en Facebook, era un hábito tóxico y poco productivo que he logrado controlar (hey, nunca les dije que fuera perfecta). Sin embargo, aún para una aficionada a discutir en el FB de Diario Libre, estos estériles debates eran demasiado para mi. 

Las llamé las ‘‘policías’’ del cabello, por su necesidad desmedida de controlar las rutinas de las demás y emitir juicios y recriminaciones sobre los productos o decisiones de otras personas. No hay necesidad.

¿Quién decide lo que es natural y lo que no?

Hay mujeres con tres trabajos o con múltiples hijos e hijas que simplemente no tienen tiempo de experimentar con rutinas de doce pasos. Mientras que hay otras que se levantan fielmente a las 5 de la mañana a peinar sus rizos antes de salir a trabajar. 

Ninguna de las dos posiciones está mal.

Mi decisión, mis formas

Cuando decidí transicionar y llevar mi cabello al natural lo hice como una decisión política. He teñido mi cabello demasiadas veces, en una ocasión casi se me cayó todo. Lo corté dos veces y lo he vuelto a teñir muchas más. 

Es sólo cabello. No es parte de mi identidad y si lo perdiera mañana, me verían como una loca calva, sonriendo de felicidad. Tampoco descarto alisarme algún día (aunque sospecho que la vagancia no me lo va a permitir nunca). 

Es normal apasionarse con algo, especialmente si creciste creyendo que ese algo no era digno de amor, pero mientras lees, investigas y aprendes, no puedo evitar querer cuidarte y decirte que está bien no seguir todas las reglas. No todo el tiempo. 

Te dejo con una frase que he escuchado de otras mujeres ya demasiadas veces ‘‘no es verdad que salimos de una esclavitud para entrar en otra’’. Ya está bueno, es hora de darse banda con eso. 

¿Te has encontrado con una policía del cabello natural en tu camino? ¡Te leo!