‘’Ustedes las de ahora sí lo tienen fácil. Cuando yo comencé en esta vaina, hace como trece años, no había na’ en la tienda pa’ nosotras’’.  

Pajonúa a un grupo de rizadas, escuchado por ahí.

 

 

En los años 90, la experiencia de ir a la tienda a comprar el desrizado era así como un ritual memorizado. Caminabas hacia el área de productos para el cabello y te quedabas parada por al menos quince minutos ponderando cuál era el producto que te iba a dejar más lambía que un ternero. Opciones siempre aparecían.

 

 

Desde Santo Domingo, a Higuey a Pedernales, si había algo de lo que podías estar segura era de que ibas a encontrar un desrizado sin importar que fuese en el colmadito más humilde o la tienda por departamentos más refinada del país.

 

 

¿Productos para rizos? No realmente. Bueno, bueno, sí. Pero eran unos productos que parecían traídos al país por equivocación. En el empaque, una modelo nórdica de melena ondulada con cara de que no ha lidiado en su vida con un pajón, y con nombres tan sutiles que siempre evocaban a controlar, domar, someter los rizos; Nunca cuidar el pelo afro, ni mucho menos realzarlo.

 

Recordemos que el lenguaje tiene poder. No era coincidencia que aún aquellos productos para rizos apelaban a lo lacio u ondulado como meta. Vamos a ponernos técnicas por un momento; que esto de ser mujeres empoderadas también implica saber hacia dónde va y quien se lucra con nuestros chelitos:

 

La industria de la belleza en la República Dominicana factura a nivel local más de RD$2,600 millones cada año (El Dinero, 2016). Más aún, según una encuesta realizada por el Clúster de Productos de Belleza, el 94% de las consumidoras de bajo poder adquisitivo utilizaba productos dominicanos (2013). Es decir, nosotras, no solo gastamos pila de dinero en belleza en la República Dominicana, sino también que compramos los productos hechos en RD (lo cual simboliza ma’ cuarto en los bolsillos de nuestras empresas locales).

 

Y eso es bueno, ¿No?

 

En parte sí, porque significa que nuestra economía nacional se fortalece, y hay más trabajo a nivel local. Sin embargo, sería muchísimo mejor si la oferta de productos disponibles abarcara a TODO el espectro de mujeres, incluyendo las de cabello afro y rizado (haz de cuenta que es como si las tiendas vendieran UN solo size de panties. Pues una se los pone porque los necesita, pero sería bien tener unos que de verdad le sirvan).

 

Pero no todo es tan gris como parece. Los distribuidores locales finalmente se han dado cuenta de que las rizadas compramos, y bastante (y en otras noticias, el agua moja). Poco a poco, como arte de magia (o negociaciones transnacionales, diga usted), los estantes de las tiendas se han ido poblando de productos especialmente elaborados para las personas de cabello rizo.

 

 

Es un momento histórico en el mercado dominicano. Esto significa que ya una niña puede ir a la tienda con su madre, y ver que su única opción no es la cajita blanca de desrizado con la niña afroamericana en la portada, que los varoncitos podrán lucir sus ricitos también; significa que cuando una mujer considere dejarse de alisar, no tendrá que gastar en dólares y envíos para tener los productos que necesita; significa no amenazar a tu pareja para que no te gaste los productos, porque siempre puedes mandarle a la tienda a que te compre más (¿oyeron eso, comerciantes?).

 

Y hablando de momentos históricos, este mes La Sirena estará dedicando su tradicional Mes de la Belleza al Cabello Rizado. Contarán con demostraciones, ofertas, charlas sobre productos disponibles y más. Ya les develarémos en nuestras redes cómo seremos parte de esto 😉

 

Es un gran honor saber que finalmente se nos reconozca, no solo nuestro poder como masa económica capaz de generar ganancias, sino también que los comerciantes comiencen a reconocer que existe más de un tipo de cabello en República Dominicana. Así que lleven a sus niñas, su amigas, sus pajonúas favoritas, y hasta a la abuelita. Y nos vemos por allá, para seguir cambiando el mundo, un rizo a la vez.