Recuerdo la primera mañana después de mi gran corte. Hace seis años, me desperté sintiéndome enamoradísima de mi cabello. No fue sino hasta tres tutoriales de YouTube más tarde que sentí que irremediablemente me hacían falta varias pulgadas de cabello para cualquier estilo de cabello natural que me interesase.

 

Hoy, hace alrededor de un mes, me corté muchas de aquellas pulgadas que hace seis años me venían haciendo falta; decidí hacerme el gran corte por segunda ocasión.

 

Si bien no fue tan dramático, no es menos cierto que van a pasar varios meses antes de siquiera poderme sujetar el cabello en un moño.

 

La pregunta más común: ‘¿porqué lo hiciste?’, mi respuesta: ‘¿porqué no habría de hacerlo?’ La gente siempre me mira como que ‘ya sí que se volvió loca’.

 

A lo largo de estos seis años, me he dado el lujo de poder teñir, recortar, decolorar, alaciar y peinar mis rizos las suficientes veces como para establecer que no tengo miedo a experimentar o retarme con mi apariencia; y si lo estás pensando, hoy te digo que tú tampoco deberías de tener miedo al cambio, aunque no hagan seis años de tu gran corte.

 

En lo personal, mi cabello no es la única característica que me define como persona. Si el día de mañana decidiese afeitarme la cabeza, estoy segura de que podrían reconocerme en medio de una multitud como si nada.

 

Y sí, entiendo y valoro que nuestro cabello es identidad, es resistencia y es herencia. Después de todo, no andan expulsando a la gente de las escuelas o de los trabajos por llevar el cabello lacio y rubio. Sin embargo, y aunque suene contradictorio, nuestro cabello no es más que un apéndice de nuestro cuerpo. Me explico…

 

A medida que han pasado los años, hemos caído en la trampa de dividirnos, y en algunos casos hasta radicalizarnos con el cabello natural; no todas, pero sí varias, las suficientes para escribir este artículo.

 

Nos dividimos por 2AB, 3ABC, 4ABC, afro, rizo, crespo, naturales puristas, pro y anti-siliconas, las orgánicas, las del co-wash, el pre-poo, el crochet, las del lavado trimestral, las que saltamos en el vagón de cada producto-promesa que nos pongan por el frente, y la lista continúa de forma infinita.

 

He visto a personas acusarnos de ser parte de un culto, pero también he visto chicas humillar a otras en distintos foros (de los cuáles me he salido), por el tipo de producto que compran (o pueden comprar).

 

¿En qué momento se nos olvidó que venimos todas del mismo lugar? De la belleza de poder elegir rebelarnos a la norma, y simplemente ser.

 

Tú eres más que tu textura. Tú eres más que tu cabello. Tu eres la suma de todas tus decisiones y todos tus gustos, y tus historias.

 

Y si un día aparece uno/a que cuestiona el porqué te cortaste, alisaste, o teñiste tu cabello, te voy a prestar mi respuesta eterna para gente fresca: ‘!Ohh, porque quise!